El mecanoscrito de Averroes
17.03.2010 | Por: Carlos Sánchez Almeida
- Los monstruos existen porque forman parte del plan divino, y hasta en las horribles facciones de los monstruos se revela el poder del Creador. Del mismo modo, el plan divino contempla la existencia de los libros de los magos, las cábalas de los judíos, las fábulas de los poetas paganos y las mentiras de los infieles. Quienes, durante siglos, han querido y sostenido esta abadía estaban firme y santamente persuadidos de que incluso en los libros que contienen mentiras el lector sagaz puede percibir un pálido resplandor de la sabiduría divina. Por eso, también hay esa clase de obras en la biblioteca. Pero, como comprenderéis, precisamente por eso cualquiera no puede penetrar en ella. Además -añadió el Abad casi excusándose por la debilidad de este último argumento-, el libro es una criatura frágil, se desgasta con el tiempo, teme a los roedores, resiste mal la intemperie y sufre cuando cae en manos inexpertas. Si a lo largo de los siglos cualquiera hubiese podido tocar libremente nuestros códices, la mayoría de éstos ya no existirían. Por tanto, el bibliotecario los defiende no sólo de los hombres sino también de la naturaleza, y consagra su vida a esa guerra contra las fuerzas del olvido, que es enemigo de la verdad.
Umberto Eco, "El nombre de la rosa"
Mucho más que Alejandría
Los organizadores de este curso, a los que agradezco su invitación, me solicitaron que en la medida de lo posible, intentase responder con esta conferencia a la pregunta "¿Es Internet la Biblioteca de Alejandría actual?". Mi primera intención fue responder que sí, pero después de darle muchas vueltas, y de analizar todo lo que ha pasado en la Red española desde que me plantearon la incógnita, hoy voy a responder lo contrario...
El pasado 3 de marzo intervine en una jornada en la Universidad Politécnica de Madrid donde se debatió largo y tendido sobre la llamada Ley Sinde, el proyecto del Gobierno Zapatero de establecer un sistema de control de los contenidos de Internet, al objeto de perseguir por vía administrativa las infracciones contra los derechos de autor. En dicha jornada presenté un trabajo titulado "Antorchas en la Biblioteca", en el que partiendo de Umberto Eco –recientemente galardonado con un doctorado honoris causa por la Universidad de Sevilla- intenté alertar sobre el peligro de censura que acecha a esta gran Biblioteca que se llama Internet. El presente trabajo es una continuación de aquél, y conforma un díptico sobre Biblioteca y Libro Electrónico. Si en Madrid hablábamos del continente, hoy hablaremos del contenido. Y de paso, contestaré la pregunta que se me ha formulado.
Internet no es la Biblioteca de Alejandría actual, afortunadamente. Y no lo es porque, tratándose de una biblioteca descentralizada, todos y cada uno de nosotros podemos salvar una parte de la Biblioteca. La nueva Alejandría nunca podrá arder completamente, mientras exista un ciudadano dispuesto a salvar sus índices y sus libros.
El libro electrónico es un instrumento cuasi mágico, destinado a preservar las obras de la intolerancia. Pero no es nada por sí solo: para salvar toda Internet sería necesario el compromiso personal de millones y millones de lectores, decididos a salvar personalmente de la quema sus respectivas bibliotecas.
Y una nueva regulación de los derechos de autor.

