Profecías que se van cumpliendo

01.07.2009 | Por: Carlos Sánchez Almeida

HAGAN JUEGO, 22 de octubre de 1999

Las finanzas, el comercio, los medias, entre otros campos estimulados por las nuevas tecnologías, han experimentado una verdadera explosión. Y generado imperios económicos de nuevo tipo que elaboran sus propias leyes, que deslocalizan sus puntos de producción, desplazan sus capitales a la velocidad de la luz e invierten de un extremo a otro del planeta. No reconocen fronteras ni Estados, ni culturas. Se burlan de las soberanías nacionales. Indiferentes a las consecuencias sociales, especulan contra las monedas, provocan recesiones y adoctrinan a los gobiernos.

Aquellos que, en democracia, libran interminables batallas electorales para conquistar democráticamente el poder, ¿saben que en este fin de siglo el poder ha sido desplazado? ¿Que ha desaparecido de los lugares concretos a los que se circunscribe la política? ¿No corren el riesgo de exhibir muy pronto el espectáculo de su impotencia? ¿De verse obligados a dar rodeos, a recular, a negarse a sí mismos? ¿Y a constatar que el verdadero poder está en otro lugar, fuera de su alcance?

Ignacio Ramonet, "Un mundo sin rumbo. Crisis de fin de siglo".

La Bolsa está de moda en Internet. Diariamente se incentiva mediante millones gastados en publicidad, al objeto de atraer el ahorro de las clases medias hacia fondos de inversión. Los bancos anuncian que bajan las comisiones por contratación online, al tiempo que E-trade ofrece 1 millón de dólares a la persona que acierte la cifra con la que Wall Street cerrará el año. La fiebre del juego, versión fin de siglo.

Los artículos 284 y siguientes del Código Penal recogen un curioso delito informático. Un delito que sólo se aplica cuando el infractor es un pequeño tahúr, pero por el que nunca se castiga a los grandes fulleros del mercado financiero. Al fin y al cabo son ellos quienes realmente gobiernan el planeta, un planeta que es víctima del peor de los parásitos: la especulación improductiva.

Amazon y Microsoft son ejemplos señeros de lo que está ocurriendo: el valor bursátil de una compañía no tiene nada que ver con el valor real de la misma, analizado en bienes producidos o trabajadores empleados. El drama de este fin de milenio es que las 200 principales empresas del planeta, cuyo montante representa más de un cuarto de la actividad económica mundial, no emplean más que a 18,8 millones de asalariados, es decir, menos del 0,75 por ciento de la mano de obra del mundo.

El virus no deja de crecer, y cada vez está absorbiendo más recursos. Sólo en Europa Occidental hay 20 millones de parados y 38 millones de pobres; la décima parte de la población de los Estados Unidos de América subsiste con bonos alimentarios, pero la Bolsa dice que todo va bien. Y los medios al servicio de las grandes operadoras de telecomunicación, expanden el nuevo evangelio.

El próximo 29 de octubre se cumplen 70 años del crack bursátil que dio origen a la Gran Depresión. En previsión de que algún criminal decida celebrarlo, sería bueno que los políticos hiciesen llegar un mensaje a aquellos de quien reciben órdenes. Algo muy sencillo, que se enseña a los niños desde la guardería: con la comida no se juega.

OCASO, 17 de septiembre de 1999

Anochecer es uno de los cuentos más conocidos de Asimov, y nos describe un mundo en un sistema de cinco soles, que sólo se ponen una vez cada 2.000 años. Su civilización se extingue cíclicamente: durante 2 milenios, los habitantes de Lagash ignoran que existen millones de estrellas. Cuando las ven por primera vez enloquecen.

Las estrellas que nos crearon tienen distintos destinos, en función de su masa y de las fuerzas gravitatorias presentes en el cosmos. Su desaparición es intrascendente: la materia y la energía encuentran muchas formas de iluminar el universo.

Aquellas que han acumulado más materia sufren al final de su existencia un colapso gravitatorio, explotan como supernova y se convierten en agujeros negros, de los que no puede fluir ninguna luz.

Las estrellas más pequeñas, como nuestro sol, tienen otro final. Una vez consumido su combustible nuclear, se convierten en gigantes rojas, y se expanden como materia evanescente.

Ahora entiendo que a algunos les llamasen jueces estrella.

ALEPH, 21 de junio de 1999

No existe una conciencia real de qué es exactamente lo que se está construyendo a diario, gracias a Internet. Sólo podemos intuirlo si observamos cómo se está generando un orden a partir del caos. La Red fue pensada para que la comunicación fluyese libremente, incluso en las condiciones más adversas. Ello hace ardua e infantil cualquier acción dirigida a constreñir sus límites y la libertad que crece en sus páginas.

Los gobiernos y los grandes monopolios de la información y la comunicación han conseguido imponer en todos los restantes medios su mensaje unidireccional. En la Red es especialmente difícil establecer jerarquías, pese a la obsesión de algunos por crear portales en un espacio donde no hay paredes. Cuando se ha leído lo suficiente para escoger lo que uno quiere seguir leyendo, llega un momento que las personas inteligentes deciden apagar el televisor y las radios, y acaban por cerrar los periódicos y los libros donde sólo escriben aquellos que han pasado las pruebas de iniciación.

Las élites de la nueva generación saben ya que la verdad está en la Red, no ahí fuera. Y eso da mucho miedo a aquellos que han diseñado una estructura para controlar las ideas. Nadie puede controlar el caos, ni tan siquiera entenderlo: hay que empezar a asumirlo como algo consustancial a nuestra existencia.

Hablando del comercio electrónico, reflexionaba que no es posible la libertad ni el crecimiento económico dentro de la Red si no se consolidan primero las libertades políticas, los ciberderechos, que incluyen necesariamente la libertad de expresión, de comunicación y el derecho a la privacidad mediante la criptografía. Hoy añado que sólo será posible eliminar las barreras al libre comercio internacional, dentro de la Red, si primero eliminamos cualquier frontera electrónica.

Para posibilitar el acceso sin pasaporte a la Polis Global, debemos suprimir las trabas al libre intercambio de las ideas. Las económicas serán las más difíciles, porque se hace imposible poder expresarse si no se ha podido acceder previamente a la educación y a los medios técnicos de acceso a la Red. Pero hay una frontera que ha de caer mucho antes: el idioma. Cuando las herramientas de traducción en tiempo real comiencen a implantarse, Babel habrá dejado de ser una maldición bíblica. Es posible un futuro donde todos se expresen en el idioma que libremente escojan, porque los receptores del mensaje lo leerán en su propia lengua.

Quien haya leído El Aleph puede tener una pequeña intuición de lo que representaría para la Humanidad el acceso a una ventana desde la que se puede contemplar todo nuestro Universo. Sólo son ciegos los que no quieren ver, y pretenden cegarnos a todos. Es curioso que fuese precisamente un ciego el que nos diese la clave para entender nuestro pequeño Cosmos. Les dejo con Borges.

"No pertenezco a ningún partido político y no he hecho política activa. Quizá yo sea un tranquilo, silencioso anarquista, que sueña en su casa con que desaparezcan los gobiernos. Descreo de las fronteras, y también de los países, ese mito tan peligroso. Sé que existen y espero que desaparezcan las diferencias angustiosas en el reparto de la riqueza. Ojalá alguna vez tengamos un mundo sin fronteras y sin injusticias".