La descentralización del activismo

25.04.2012 | Por: Carlos Sánchez Almeida

La aparición de WikiLeaks en el universo mediático, utilizando la caja de resonancia de grandes periódicos, marca un punto de inflexión no sólo en lo que se refiere a las relaciones entre prensa y poder, sino también en las estructuras del activismo político del futuro.

Wikipedia y WikiLeaks son seguramente los dos fenómenos comunicacionales que más han contribuido a popularizar el término Wiki, sinónimo de trabajo distribuido en Red. Sistemas de nodos descentralizados que lejos de derivar en caos, acaban por converger en un objetivo común. Su dispersión no los hace más frágiles, antes al contrario: es lo que les otorga más fuerza y resistencia frente a un ataque exterior.

El fenómeno WikiLeaks, despojado de su parafernalia sensacionalista, es interesante como objeto de estudio: permite comparar los dos tipos de estructuras en conflicto. Por un lado, la arquitectura jerárquica de las redacciones tradicionales, que es tanto como decir del poder tradicional: una pirámide de poder. Frente a ella, una estructura descentralizada, donde cualquiera de sus nodos organizados en enjambre es prescindible: la decapitación del nodo central es imposible, por ser éste inexistente.

A lo largo de este año 2010 hemos visto funcionar en paralelo los dos sistemas, y es previsible que esta dialéctica se prolongue durante bastantes meses más. Pero del resultado final, de la correlación de fuerzas de poder tras el choque del sistema jerárquico piramidal con el sistema en Red, va a depender buena parte del activismo político del futuro.

Hasta ahora, las organizaciones políticas y sindicales funcionaban mediante un esquema piramidal: la información y las órdenes fluían de arriba abajo. Las propuestas de la jerarquía se discutían democráticamente por las bases, pero el origen de las ponencias, tanto en los congresos como en el trabajo diario, procedía siempre de un trabajo previo en comisión. El sistema piramidal otorgaba solidez al conjunto: el líder de la organización lo era en tanto obtenía el apoyo democrático de las bases.

En la sociedad de la información, poder mediático es poder político. Cuando interactuamos socialmente en red, generamos información. El trabajo distribuido permite la generación de pensamiento de abajo arriba, interactividad entre la base social y sus representantes o portavoces. No es un sistema asambleario caótico: tiene una estructura. Darle utilidad política, convirtiéndolo en un mecanismo de democracia real, es el principal desafío de las organizaciones del futuro. Unas organizaciones que serán más fuertes e influyentes de forma directamente proporcional a su grado de descentralización.

Toda asamblea multitudinaria puede derivar en la demagogia, pero sólo cuando se apropia del micrófono un demagogo. En una sociedad en la que todos tenemos micrófonos, sólo las opiniones razonadas pueden acabar alzándose sobre el ruido de fondo. Son los restantes nodos descentralizados, el trabajo en red, los que pondrán en su sitio a iluminados y aventureros.

En la sociedad de la información no debemos tener miedo a la libertad: lo único que debemos temer es al silencio y a la obediencia ciega, germen de todos los totalitarismos. Una sociedad, una organización descentralizada, donde todos puedan ejercer una opinión formada, es necesariamente una sociedad más libre.

 

Artículo redactado el 8 de diciembre de 2010, publicado en catalán en el boletín e-pamflet. Se publica nuevamente aquí por su evidente relación con la #spanishrevolution